En la escuela pública de Pilos Bajo, la mayoría de los niños egresan o inician secundaria sin saber leer, escribir, sumar ni restar, según un diagnóstico revelado en el programa. Por eso, se lanzó un programa paralelo de alfabetización vinculado a la escuela, que enseña estas habilidades básicas en un proceso independiente al currículo oficial.
Mateo, un niño que vivía en una casa de nylon y silobolsa, arrancó el año pasado tímido y sin saber leer, pero terminó 2024 con cero faltas y dominando lectura y escritura, gracias a la maestra Gaby. Ahora vive en una casa de barro con techo de ramas, pero la falta de electricidad expone a la familia a peligros nocturnos como víboras e insectos, complicando rutinas básicas como ir al baño.
Otros niños como Valentina Montenegro, de 7 años, van en bicicleta a la escuela, pero sufren pinchazos frecuentes y caminan si falla, llegando tarde sin bici. En casa preparan leche con arroz, pero el almuerzo escolar se interrumpió, dejando a los niños con panza vacía al dormir en viviendas sin puertas ni ventanas, expuestos a frío invernal o calor extremo veraniego.
Marcela, en segundo grado y aislada en una población de dos casas, sueña con ser maestra pero pasa fines de semana sola y triste, cuidando cabras desde los 5 años. Pide una cama de princesa y ropero, mientras su madre lucha por mejorar la casa sin recursos, en una zona donde el agua tiene arsénico y flúor en altas concentraciones, impidiendo consumo humano y agravando todas las carencias.
Accidentes como la quemadura en el pie de un niño por una pava con agua caliente demoran atención médica a 120 km, y problemas de salud como dificultades en el oído y cadera de Mateo persisten. Los niños expresan deseos simples: casa violeta, botines, tele, policía para atrapar "lo malo".