Matías Sindelar, apodado el Mozart del fútbol, capitaneó el Wunderteam austríaco en los años 30 y rechazó jugar para la selección alemana tras la anexión nazi de Austria en 1938.
En un amistoso propagandístico el 3 de abril de 1938, marcó un gol y lo celebró bailando frente a jerarcas nazis, contribuyendo a la victoria 2-0 de Austria; luego dejó el fútbol profesional.
Compró un café a un comerciante judío despojado y mantuvo lazos con la comunidad judía, vigilado por la Gestapo; murió en 1939 en circunstancias sospechosas, posiblemente asesinado.
Su entierro reunió a más de 20.000 personas en protesta silenciosa, simbolizando resistencia a través del fútbol y valores personales contra el régimen nazi.