Felicitas Guerrero, viuda rica a los 24 años tras perder a su esposo Martín Gregorio de Álzaga y un hijo por fiebre amarilla, inició romance con Samuel Sáenz Valiente pese oposición familiar.
El amante rechazado Enrique Campo irrumpió en su compromiso el 30 de enero de 1872 y la mató a balazos en la casa de Barracas; ella agonizó dos días mientras él murió en el acto o por disparo familiar.
Sus padres construyeron la Iglesia de Santa Felicitas en el sitio en 1876; cada 30 de enero su fantasma aparece como dama de blanco, campanas suenan solas y pañuelos atados en rejas humedecen si buscan amor.
Avistamientos en estancias, jardines y techos persisten desde 1930, ligados a energías residuales de amor desdichado y muerte violenta que impide elevación espiritual.
La leyenda incluye cintas blancas para recuperar amor perdido y rojas para hallarlo en el aniversario de su muerte.