El crucero MV Ondius de expediciones remotas llegó a Tenerife, Islas Canarias, tras un brote de hantavirus andino que causó tres muertes, incluyendo una pareja holandesa, y contagios entre pasajeros y tripulantes. Partió de Ushuaia el 20 de marzo hacia la Antártida, pero cambió ruta por el virus detectado el 11 de abril. El médico del barco se contagió y está grave, mientras 30 pasajeros bajaron en Santa Elena sin control total.
El infectólogo Hugo Pizzi explicó que esta variante andina, única en transmitirse hombre-hombre además de ratón-hombre, como se vio en Epuyén en 2018, tiene menor contagiosidad que el COVID. Argentina registra 101 casos en año y medio, la mayor cantidad en Latinoamérica, por expansión del ratón colilargo debido a cambio climático y más vegetación.
Pizzi recomendó ventilación, manos limpias, huertas alejadas y no tocar flora en Patagonia para prevenir. Destacó efectividad de protocolos de Epuyén: aislamiento, trazabilidad y protección médica evitaron contagios al personal. La OMS y el Papa agradecieron a Canarias por acoger el crucero; tasa de mortalidad del andino es del 30-40%.
Pasajeros sufrieron pánico y desamparo, con necesidad de asistencia psicológica. Expertos criticaron demoras en protocolos como en COVID, donde trajes protectores habrían evitado contagios. No es comparable al COVID por menor propagación, pero requiere precauciones.