El vagón 502 de Puerto Deseado se convirtió en un símbolo de resistencia contra la última dictadura militar al ser protegido por los vecinos que impidieron su traslado a Buenos Aires.
Betty relató cómo cruzó su Fiat 600 frente al portón para bloquear el camión que llevaba el vagón cargado, mientras su madre tejía en el auto durante la vigilia y todo el pueblo se sumó al reclamo.
El chofer del camión la puteó, pero Betty se subió al estribo y le dijo que se quedaba con el vagón, que era lo último que quedaba tras el desguace de locomotoras y otros elementos históricos fabricados en Inglaterra.
El objetivo se logró y el vagón permanece en el centro de la ciudad como memoria intacta.