Operarias procesan chompas, jeans, camisas, paños de bebé y otros textiles, transformándolos mediante máquinas que rompen la estructura, limpian con recirculación de agua, cardan las fibras y las retuercen para mayor resistencia, promoviendo una economía circular que genera empleo y reduce la contaminación textil además del contrabando de ropa usada.
La industria textil genera el 20% de la contaminación mundial del agua potable según la ONU y la Fundación Ellen MacArthur, con el 73% de prendas fast fashion en vertederos; para un jean se usan 3.781 litros de agua y se emiten 33,4 kg de CO2. La aplicación Solía Ser facilita donaciones digitales, y empresas bolivianas adoptan el producto para bajar su huella de carbono.
Los responsables enfatizan preguntas cotidianas sobre consumo responsable y llaman a reciclar todo, destacando que la lana sirve para chompas, mantas y frazadas duraderas, abriendo posibilidades en diseño sostenible y bienestar planetario.