El Shah Mohammad Reza Pahlavi asumió el trono de Irán a los 22 años en 1941 tras la abdicación forzada de su padre Reza Shah por tropas británicas y soviéticas durante la Segunda Guerra Mundial, ante temores de alianza con la Alemania nazi.
Durante su reinado promovió la modernización con la Revolución Blanca, que incluyó redistribución de tierras, alfabetización, mejoras en salud e infraestructura, y el voto femenino, aunque generó tensiones con sectores religiosos y urbanos por su percepción de occidentalización forzada y autoritarismo.
Enfrentó crisis como el golpe de 1953 contra el primer ministro Mohamed Mossadegh, quien nacionalizó el petróleo, con apoyo de CIA y MI6, consolidando su poder pero sembrando resentimientos. La represión mediante la policía secreta Savak y eventos como la celebración de 1971 en Persepolis acentuaron el descontento.
Las protestas de los 70, lideradas por el Ayatolá Ruhollah Khomeini desde el exilio, culminaron en la Revolución Islámica de 1979; el Shah abandonó el país en enero y murió en 1980 en Egipto de cáncer, dejando un legado controvertido de modernización y autoritarismo.