El gobierno de Ruanda invierte millones en patrocinios deportivos como Atlético de Madrid y Paris Saint-Germain para atraer inversiones y cambiar la percepción mundial, según el doctor Dubinsky, quien destaca que el deporte llega a más personas que informes de la ONU.
Críticos independientes ven estos gastos como desperdicio de recursos públicos que podrían destinarse a necesidades urgentes, y acusan al presidente Paul Kagame de publicitar solo aspectos positivos mientras silencia oposición y viola derechos humanos.
Occidente critica el sportwashing, pero clubes europeos aceptan fondos sabiendo de restricciones a libertades en Ruanda, que aprende de Qatar pese a no tener petróleo y depender de ayuda occidental.
En Marruecos, sede de eventos como la Copa Africana, se debate si es diplomacia deportiva o sportwashing para eclipsar desigualdades, similar a RDC con Barcelona o Camerún en 1972.