El pastor insta a establecer una aduana espiritual en la mente para inspeccionar y rechazar pensamientos contrabando del enemigo. La mente es templo y propiedad de Dios, y el enemigo infiltra ideas destructivas como dudas o impurezas que se convierten en fortalezas si se les da visa de entrada. La palabra de Dios actúa como escáner de alta tecnología para detectar lo impuro según Filipenses 4:8 y 2 Corintios.
El protocolo celestial exige escanear cada pensamiento, llevarlo cautivo a la obediencia de Cristo y destruirlo si es ilegal. Un pensamiento contrario a Dios no es pecado al llegar a la frontera mental, pero lo es si se le da asilo o hospedaje. El enemigo introduce contrabando goteo a través de pequeñas zorras como quejas, que forman búnkeres en la vida.
Los creyentes son oficiales de aduana responsables, ayudados por el Espíritu Santo que hace sonar la alarma. Ejemplos incluyen autocompasión ('nadie me valora'), miedo ('y si me quedo sin trabajo'), envidia ('mirá qué bien le va') y pensamientos inmorales, todos incautados con la palabra como Colosenses 3:23 o 2 Timoteo 1:7.
Para demoler fortalezas ya arraigadas, hay que identificar, confesar ante Dios, entregar el cargamento en el altar y sustituir la mentira con la verdad bíblica. La aduana espiritual funciona 24 horas sin vacaciones, especialmente en momentos de soledad o estrés, para evitar que la mente se convierta en depósito de basura.
La mente es centro de operaciones del reino de Dios; hoy se cancelan visas al pecado y se levanta la bandera de la verdad de Cristo en la frontera mental.