Natalia Remy narra su lucha por un subsidio de alquiler para ella y sus vecinos tras el derrumbe de su edificio cerca de la cancha de Huracán.
La joven, con problemas de salud y defensas bajas que le impiden trabajo presencial, vive gracias a la solidaridad vecinal pero enfrenta renovaciones hoteleras cada 48 horas. Su auto quedó aplastado por el estacionamiento colapsado y solo sacó ropa y medicamentos con ayuda de bomberos.
Sigue pagando el departamento inhabitable en el octavo piso con rajaduras y reclama pericia oficial, mientras adeuda sesenta y pico millones por el inmueble.