En el desierto sahariano de Mauritania, mineros artesanales como Alazán excavan pozos de más de 10 metros sin arneses para extraer roca con oro, trabajando más de 10 horas diarias en condiciones duras y peligrosas.
En Chami, capital del oro con 40.000 habitantes, sudaneses como Mohamed procesan 120.000 toneladas diarias, generando 700 millones de euros anuales, 50 mil empleos directos y sustento para 200 mil personas. El oro superó al hierro como principal exportación.
La producción local impulsa la economía, con bancos y comercios en expansión, permitiendo independencia en recursos preciosos según joyeros de la capital.