Gilla Murano, la envenenadora de Monserrat, mató a tres mujeres en 1979 con cianuro de potasio por deudas: Carmen Zulema del Giorgio Venturini (prima), Nilda Ayala y Lelia Formisano Ayala. Las invitaba a té con masas envenenadas, se retiraba y ellas morían ahogadas en escaleras o internadas.
Expertos psiquiátricos y forenses la describen imputable, con personalidad histérica, paranoides y perversa. Crimen planificado: mataba para ocultar robos ante reclamos de deudas. Peritajes toxicológicos de 1979, sin tecnología moderna, exhumar cuerpos y analizar vísceras confirmaron 1,39 mg/kg y 1,56 mg/kg de tiocianato (metabolito de cianuro), superando niveles normales (hasta 0,08 mg/kg en 12 cadáveres comparativos).
Toxicólogo Fernando Cardini explica método de Guatelli y Gobi para detectar cianuro. Murano probó dosis en María Brunar (torta amarga con olor a almendras, genético) y Gamba (se repuso en Mar del Plata). Calculó cantidad exacta para muerte post-retiro, no fulminante. Llegó en colectivo de farmacéutico amante, estudió dosis en bibliotecas.
Autopsias primitivas: órganos en frascos por correo a La Plata. Discusión legal sobre cianuro endógeno (fumar, incendios), pero cantidades criminales probadas. Sentencia perpetua basada en peritajes. Caso vigente 47 años después.