En Santa Victoria Este, Formosa, un equipo de 14 profesionales atiende 22 comunidades indígenas chorotes, chulupis y huichis con controles nutricionales, entrega de leche y apoyo ante desnutrición grave. La zona norteña enfrenta vulnerabilidad extrema por clima adverso, caminos intransitables y falta de servicios básicos como agua potable segura, luz y DNI para acceder a asignaciones.
Madres y niños sufren bajo peso, fiebres y diarreas por lluvias; el equipo prioriza casos graves semanalmente y previene hospitalizaciones. En meses de pesca mejoran, pero lluvias aíslan comunidades y suspenden escuelas, principal fuente alimentaria.
Desbordes del río Pilcomayo inundan hogares en La Gracia, La Estrella y Santa María, desplazando familias a rutas sin carpas ni mercadería suficiente. Jóvenes levantan defensas con bolsas de tierra, pero el agua supera todo; perdieron colchones, ropa y electrodomésticos. Ayuda provincial escasa para 300 familias; solidaridad local reparte donaciones, pero temen olvido post-emergencia.
Habitantes critican abandono estatal: "Si supieran cómo se vive acá, no dormirían tranquilos"; piden viviendas dignas lejos del río tras cuatro inundaciones. Economías informales dependen de programas sociales y pesca estacional.