En la continuación de No hay tiempo para los tibios, Benito Fernández elige no vestir más a Natalia Oreiro por conocerla menos, pese a admirar a Valeria Massa y la reina Máxima como empresarias. Vuelve a vestir a Priscila Presley, a quien califica de encantadora.
Critica el conocimiento de moda de Roberto Piazza por mala onda, prefiriendo a Matilda Blanco y Santiago Artemis. Elige cambiar el look completo de Javier Milei, presidente, por su pelo y ropa, elogiando a Lilia.
En famosos peor vestidos evita juzgar a Esmeralda Mitre, Moria Casán y Pepe Cibrián por cariño. Para cita amorosa, opta por Rodrigo Lucic. Cuenta anécdota con un top ten actor de Hollywood en Palacio Duhau, conocido en recepción y piscina, sin revelar nombre por privacidad y cámaras.