Un bar notable en la esquina de San Juan y Boedo, ícono cultural con historia de tango y epicentro de celebraciones de San Lorenzo, arriesga cierre por demanda laboral de dos bailarines que escaló de 2,6 millones a 220 millones de pesos por intereses tras seis años.
Durante pandemia, bailarines en cruceros enviaron cartas reclamando despido e indemnización pese a no estar en planta estable ni en el país. Dueño Gabriel mostró pruebas de sus viajes por Instagram; local cerró por ley, pero artistas reclamaron. Fallo de segunda instancia; apelan a Tribunal Superior de Justicia porteño.
Facturación ronda 1,5 millones mensuales; pago imposible sin préstamo bancario. Gabriel defiende derechos laborales con 40 empleados fijos y 30 artistas, pero caso ejemplifica riesgo para pymes por juicios millonarios. Rodrigo Porto reportó in situ temor de empleados como mozos y chef.
Lugar reconstruido con esfuerzo familiar, sin capitales externos; peso histórico con Romero y Manchó. Comunidad envía mensajes de apoyo para evitar quiebra y pérdida de fuente laboral en contexto económico duro.