La economía alemana enfrenta presión por aranceles, altos costos de producción y deslocalizaciones, cayendo del puesto 15 al 17 en competitividad mundial entre 2022 y 2025, con retroceso al 29 en eficiencia empresarial IMD.
Las exportaciones, base de la economía, estancaron en 1,5 billones de euros en 2024 tras récord en 2022, perdiendo cuota en ingeniería mecánica y vehículos frente a China. Una de cada cinco empresas trasladó producción al extranjero.
Costos energéticos elevados, burocracia y demoras en autorizaciones frenan inversiones. Expertos temen pérdida de I+D y gestión, agravando la recesión, aunque productividad sigue superior pero no tanto como competidores.
La política debe crear condiciones para retener saber hacer alemán y reforzar posición a largo plazo en mercados globales.