El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció una tregua entre Rusia y Ucrania del 9 al 11 de mayo, coincidente con el Día de la Victoria, que incluye suspensión total de hostilidades y intercambio de mil prisioneros. Tanto Vladimir Putin como Volodymyr Zelensky aceptaron el acuerdo, con Zelensky agradeciendo la mediación de Trump pese a bombardeos rusos previos.
Rusia advirtió a delegaciones diplomáticas en Kiev sobre posibles represalias si Ucrania interfería en sus celebraciones, elevando tensiones antes de la tregua. Zelensky prioriza la situación humanitaria y recorrió un hospital en Járkov para visitar soldados heridos por ataques rusos.
La tasa de desempleo en Rusia cayó al 2,2% en marzo, la más baja histórica, pero se atribuye a la guerra: bajas militares reducen mano de obra disponible, forzando a jubilados a volver al trabajo. Los drones causan el 80% de bajas (muertos y heridos), superando cifras de la Segunda Guerra Mundial por falta de evacuación médica debido al control ruso del espacio aéreo.
Putin denunció un ataque ucraniano al centro de control aéreo en Rostov-del-Don como "acto terrorista". Robert Fico, primer ministro eslovaco, rindió homenaje en Moscú al soldado desconocido. Preocupan amenazas internas a Putin por ultranacionalistas como los Cuerpos de Voluntarios Rusos, neonazis opuestos a la invasión.
Trump ve la tregua como paso hacia el fin del conflicto, que prometió resolver rápido en campaña, aunque persisten desacuerdos en negociaciones.