Nacho y Matías fríen las empanadas en grasa vacuna durante dos o tres minutos para que queden sequitas y ricas, resaltando que la grasa le da un gustito especial y es más sana que el aceite.
Prueban las empanadas recién salidas: la de Nacho queda dorada y linda pese a su repulgue imperfecto, mientras atienden a clientes habituales como Juan, Javier, Carlos, Alejandro y familias como la de Chola y Pelusa, que regalan empanadas y charlan amigablemente en el drive-thru improvisado bajo el avioncito en Avenida Escalada 800, Lanús Oeste.
Matías cuenta su historia familiar: emprendimiento heredado del padre fallecido, jugó fútbol en inferiores de Los Andes y futsal en clubes como Racing y Chicago; clientes incluyen compañeros futboleros que piden empanadas si entrenan. Nacho mejora en repulgue aprendiendo a mojar bordes para que no se escape el queso mozzarella cremoso con jamón.
El día frío ideal para empanadas atrae desayunos con café con leche; Matías vende de lunes a sábado de 10:30 a 14 horas, transformando clientes en amigos con charlas de psicólogo.