En el desierto sahariano de Mauritania, mineros artesanales extraen oro de pozos profundos de más de 10 metros sin arneses, fracturando roca con sopletes caseros en condiciones extremas de calor.
Más de 5.000 personas trabajan en yacimientos como Temaya, procesando 120.000 toneladas diarias en molinos de Chami, convertida en capital del oro con 40.000 habitantes, hoteles y bancos.
El sector genera 700 millones de euros anuales, 50.000 empleos directos y sustento a 200.000, superando al hierro como principal exportación y aportando una quinta parte del PIB.
Trabajadores sudaneses, malienses y locales comparten experiencia; joyeros en Nuakchot celebran producción local más barata que importada, impulsando orgullo nacional.