Jaime Bailey admite crisis de celos el día del cumpleaños de su esposa Silvia, cuando ella se fue a celebrar con el profesor de karate joven y guapo, dejando cancelada la cena familiar. Se sintió disminuido y lo procesó escribiendo sobre sus miserias como escritor.
Explica que la fidelidad es lealtad total, contando fantasías y tentaciones a su pareja. Defiende la honestidad brutal en el arte y el amor, rechazando mentiras que destruyen los cimientos. Habla de rechazos por exponer intimidad y su relación abierta con reglas técnicas aceptadas por Silvia.
Critica la monogamia exclusiva como invención religiosa y aboga por grandeza para entender deseos humanos. Menciona anécdotas con lectora napolitana y catalana, donde Silvia lo frenó: le gustan tus libros, no tú.
Reflexiona sobre el paso del tiempo, la muerte cercana a sus 61 años, priorizando momentos vivos. Detesta dictadores como Chávez por traumas paternos y noveló el golpe de 2002 en Venezuela.