La abuela Carola de 86 años en Candelaria, Misiones, fue rescatada por vecinos arrastrándose en la calle por hambre y dolor, pese a cobrar dos pensiones por unos 400 mil pesos mensuales que administra su familia. La dejaron sin comida adecuada, luz ni medicamentos; le robaron ropa, televisor y vendieron la heladera, que estaba rota y contenía solo fideos, morrón y puré podrido en una olla con olor nauseabundo.
La hija Piqui, a 12 kilómetros, niega el abandono y acusa a vecinos y sobrino de complot y robo, alegando que llevó a su madre al médico ayer y que finge enfermedad. Sin embargo, el médico evaluó a Carola, confirmó presión alta por las nubes, dolor intenso en el hombro, mareos y riesgo de muerte inminente si no era trasladada; le colocaron suero y la llevaron en ambulancia al hospital.
El cronista Kike Ortiz desde el lugar denuncia mugre extrema en la casa, olor nauseabundo detectable a 20 metros, vecinos reconectaron luz y limpian, pero critican a Piqui por priorizar bienes sobre la madre y amenazar al barrio. Vecinos custodiaban la casa vacía, temiendo robos, y cuestionan el "poder" de un "nano" familiar.
Panelistas debaten la obligación moral de hijos hacia padres ancianos, más allá de lo legal, y vinculan el caso a ausencia estatal en zonas pobres, cierre de organismos nacionales, coparticipación municipal del 4% y corrupción que destruye lazos sociales.