En Gran Hermano, Daniela echa a Eduardo de la mesa durante la comida, un momento simbólico de unión, diciendo que no quiere compartir con él por estrategia ni afinidad. Eduardo responde que todos tienen derecho a la casa y que no entiende por qué lo marginan, sospechando de espías encubiertos.
El panel critica la actitud de Daniela como desagradable y parte de su juego conspiranoico, pero reconoce que victimiza a Eduardo y le suma afuera. Comparan con anécdotas personales de exclusión en mesas durante giras laborales, donde resolvieron comiendo aparte.
Discuten que Daniela queda expuesta por su rudeza, mientras Eduardo juega pasivo sin confrontar, lo que lo margina más. Panelistas ven esto como juego de Daniela para controlar afinidades en la casa.