El crucero antártico con ocho casos confirmados de hantavirus, tres muertos y contagio interhumano continúa varado sin puerto que lo acepte, ya que ningún país otorga la libre plática sanitaria requerida por el capitán. El buque, con 170 pasajeros y 80 tripulantes, partió de Ushuaia hace 45 días y ahora espera frente a Tenerife, donde solo España acogerá a sus 14 ciudadanos en un hospital militar, mientras el resto queda confinado.
Fernando Morales, presidente de la Liga Naval, explicó los protocolos marítimos: el capitán declara el estado sanitario, pero autoridades como Marruecos rechazan aterrizajes de aviones con pacientes infectados, obligando retornos a Gran Canaria. En casos graves, se permite evacuación humanitaria vía OMS, pero persiste temor a propagación pese a que el virus no es COVID.
A bordo, los pasajeros permanecen aislados en camarotes de 12-20 metros cuadrados, con riesgos psicológicos por encierro prolongado y actividades limitadas en cruceros chicos para Antártida. Los cadáveres se guardan en cámaras frigoríficas de alimentos en bolsas mortuorias, y el médico de a bordo fue evacuado enfermo. La tripulación tiene poderes policiales para evitar motines, pero prioriza contención sin coerción.
El barco llegará al antepuerto de Granadilla de Abona en Tenerife el sábado al mediodía, sin descensos inmediatos. Un pasajero suizo propagó alerta en Europa tras bajar sin síntomas, y persisten investigaciones en islas como Santa Elena. Expertos como Hugo Pizzi destacan la letalidad y necesidad de vacuna futura.