Spirit Airlines se declaró en bancarrota por problemas financieros agravados por la subida del combustible, primera aerolínea afectada directamente, dejando pasajeros varados en aeropuertos.
Pasajeros reportan falta de reembolsos, hoteles y vales de comida prometidos pero cancelados, obligados a comprar nuevos vuelos con dinero propio pese a viajar con niños.
La compañía ya luchaba por beneficios antes del conflicto; Trump había intentado rescatarla para salvar empleos, similar a Intel.