En China, humanos con sensores en cuerpo entrenan a robots humanoides repitiendo movimientos cotidianos como sacar basura o manipular objetos delicados como huevos o papas fritas, transfiriendo datos para adaptarlos al mundo humano.
Se recrean entornos reales en fábricas (baños, farmacias) para enseñar sensibilidad háptica y tareas; similar a entrenamiento de chatbots con datos masivos.
Los robots invaden China rápidamente, abriendo nuevos trabajos en entrenamiento pese a desplazar otros.