Un Airbus 320 que aterrizaba en Aeroparque Jorge Newbery desde San Pablo fue sacudido por una fuerte ráfaga de viento cruzada, moviéndose peligrosamente y casi tocando el piso con la cola.
El comandante aplicó el protocolo correcto: potenció los motores, ganó altura y realizó una vuelta para reintentar el aterrizaje, aterrizando sin problemas minutos después.
Expertos destacaron el profesionalismo del piloto, recordando el dicho aviatorio "velocidad y altura conservan la dentadura", y explicaron que el piloto tiene autoridad total para decidir, independientemente de la torre de control.
Los pasajeros sufrieron susto al ver el movimiento, pero la maniobra en simuladores prepara para estas emergencias, resolviéndose todo sin inconvenientes.