Un estudio publicado en 2026 en la revista Food vincula la preferencia por comida picante con rasgos de personalidad como búsqueda de sensaciones, sensibilidad a recompensas y perfiles conductuales, más allá de gusto o cultura.
La relación involucra factores emocionales y contextuales, reflejando cómo procesan riesgo, recompensa e intensidad sensorial. Se asocia a personalidades tipo A ansiosas o exploradoras curiosas.
El panel relacionó esto con medicina personalizada en dietas, considerando personalidad para recomendaciones alimentarias, ya que no todo sirve para todos.