El cheesecake se originó en la Antigua Grecia alrededor del 2000 a.C. en la isla de Samos como mezcla de queso, harina y miel cocida, usada como fuente de energía para atletas olímpicos en Olimpia.
El postre formaba parte de la alimentación de los competidores antes de las pruebas, mucho antes de ser un clásico mundial de pastelería.
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