El bloqueo en el Estrecho de Hormuz genera una crisis energética que afecta a 74 países, con 19 en Asia tomando medidas como controles de precios y subvenciones al combustible. China regula el precio del petróleo refinado, Japón subsidia parte de los costos y reduce impuestos, mientras India limita el consumo de gas en industrias y promueve el teletrabajo para ahorrar energía.
Estos países evitan involucrarse abiertamente en el conflicto, declarando que "no es nuestra guerra", aunque adoptan posturas defensivas. Europa también se mantiene al margen, lo que provocó críticas de Donald Trump, quien los calificó de "tigre de papel".
La situación se agrava por la guerra entre Estados Unidos e Irán, que Trump estima podría prolongarse dos o tres semanas más, en un contexto donde el petróleo Brent cayó un 4% pese a la volatilidad, y se destacan cruces limitados en Hormuz como el buque cisterna GLP Nugas.
Expertos contextualizan viajes diplomáticos como el del canciller iraní Abbas Araghchi a China antes de la cumbre Trump-Xi Jinping, presionando por negociaciones sobre el programa nuclear iraní, con advertencias de EE.UU. a China por comprar petróleo iraní que financia terrorismo.