La rivalidad entre Turquía e Israel por la supremacía en Oriente Medio se intensifica tras el debilitamiento de Irán y la caída de Bashar al-Assad en Siria. Ambos países compiten por esferas de influencia en Siria, donde Turquía mantiene presencia militar en el norte contra kurdos y apoya un gobierno centralizado aliado, mientras Israel expande control en el sur de los Altos del Golán fomentando autonomías drusas y kurdas.
La disputa se extiende a proyectos energéticos rivales: Turquía impulsa un gasoducto desde Qatar vía Siria a Europa, y Israel el gasoducto Ismet desde Egipto y Gaza vía Chipre a Grecia. Ambos enfrentan obstáculos por inestabilidad, altos costos de hasta 15 mil millones de dólares y tensiones como las de Turquía con Chipre.
La competencia llega al Cuerno de África, con Turquía en Somalia y Israel reconociendo Somalilandia. Como miembro de la OTAN, Turquía cuestiona su defensa colectiva ante posibles ataques israelíes, agravado por dudas de EE.UU. Ambos forman alianzas: Israel con Grecia y Chipre, Turquía aspira a una "OTAN islámica" con Arabia Saudita y Pakistán.
Turquía insinúa disuasión nuclear ante Israel, con su primera central en Acuyo financiada por Rusia. Analistas ven esto como retórica más que plan real, pero la escalada dialéctica en Gaza y Siria urge evitar un conflicto abierto de imprevisibles consecuencias.