El testigo clave Diego relató en detalle el momento en que desarmó al asesino que acababa de balear a Abel Barboso en una discusión por un auto mal estacionado en La Matanza. Oyó gritos, vio a Agustín, hijo de la víctima, revisándose la espalda, y al agresor meterse en su casa.
El padre de Agustín discutió por la ventana con el asesino, quien abrió parcialmente y disparó a Abel, hiriéndolo en la clavícula. Cuando Abel cayó, el asesino intentó rematarlo, pero se le trabó el arma. Diego manoteó el brazo del agresor, Agustín lo ayudó a quitarle el arma, y el asesino salió con un cuchillo, pero lo confrontaron diciéndole que ya lo había matado.
Ni Abel ni Agustín tenían armas; eran personas tranquilas. El testigo y Agustín cargaron a Abel en un auto y lo llevaron al hospital Santojanni, donde falleció tras una hora en quirófano pese a llegar caminando. La ambulancia nunca llegó, y Diego tapó la herida mientras el hijo manejaba.
En el estudio, panelistas debatieron si la precariedad económica genera violencia, la burocracia para tenencia de armas legales y casos de corrupción en el ANMAC bajo el gobierno anterior, como el de Carlos Dini en Córdoba con registros truchos. Defendieron a legítimos usuarios (0,003% de delitos con arma de fuego) y criticaron controles laxos que permiten armas ilegales.
Discutieron exámenes psicológicos, psicotécnicos monopolizados, costos altos (>100 mil pesos) y necesidad de Estado presente sin burocracia kafkiana, contrastando con violencia cotidiana por cuchillos y falta de trazabilidad en armas ilegales.