Rodolfo Insaurralde cuenta que pintaba desde los 10 años en la escuela municipal de arte de Goya y llegó a Buenos Aires sin padrinos para rendir en la Cárcoba y Pueyrredón, enfrentando 14 horas de viaje sin puente Zárate.
Recuerda pensiones caras y trabajos variados, pasando por surrealismo pero optando por hiperrealismo y clásico porque le nace representar sin manchas abstractas.
Destaca su estudio de psicología del color en Estados Unidos y el compromiso con el público al pintar algo reconocible sin explicaciones.