El Kremlin de Vladimir Putin opera en modo de alta seguridad sin precedentes ante el 9 de mayo, Día de la Victoria sobre el nazismo, por miedo a atentados e intento de golpe. Un informe de inteligencia europea revela que desde marzo se endurecieron medidas por drones ucranianos, asesinatos de mandos rusos y desconfianza interna.
Putin desconfía hasta de su círculo íntimo, señalando al exministro de Defensa Sergey Shoigu, ahora secretario del Consejo de Seguridad, como riesgo. El Servicio Federal de Protección (FSO) prohibió celulares con internet, transporte público y vigila a cocineros y guardaespaldas del régimen.
El FSB monitorea al propio gobierno mientras crece el malestar económico y social por la guerra en Ucrania. El desfile en Plaza Roja tendrá menos líderes extranjeros, más blindaje militar y mínimas apariciones públicas de Putin, mostrando grietas en el poder ruso.
El miedo a drones, ataques o traición interna domina el Kremlin, que se encierra porque siente que puede caer, en contraste con desfiles previos llenos de pompa.