En China, tres mujeres nacidas en los años 80 bajo la política del hijo único, Amber, Xixia y Tintín, enfrentan intensa presión familiar como hijas únicas de las que depende toda la familia, dejando poco espacio para sus sueños personales.
La sociedad espera que sean nueras bondadosas, diligentes, trabajadoras, buenas amas de casa y administradoras. Un mensaje de la Oficina de Registro de Matrimonios de Pekín afirma que ser buena esposa y madre es el mayor logro de una mujer. Sus padres las presionan para casarse pronto, incluso con hombres no amados, y critican si no cumplen roles tradicionales.
Algunas mantienen novias en secreto y planean mudarse a Europa por seguridad y libertad, como a Finlandia o Suecia, donde una trabaja en la Orquesta Filarmónica de Turku como primera música china. Otras se involucran en activismo feminista, como en el Instituto de Educación en Salud de Género de Pekín, pero enfrentan arrestos de 37 días sin confrontar al gobierno, temiendo la línea roja.
Los padres priorizan el matrimonio y nietos por falta de estado de bienestar, exigiendo que los hijos las mantengan. Las mujeres buscan independencia económica para tener voz, pero sienten culpa por no ser "buenas hijas" ante las expectativas familiares y sociales.