Julio y Lila Medina, pareja con 62 años juntos, dirigen una fábrica de pastas en Colegiales junto a su hijo Luis, a quien enseñaron el valor del trabajo como una religión pese a estar jubilados.
Se conocieron de jóvenes, se casaron tras dos años de noviazgo y superaron crisis con amor y esfuerzo; Luis dejó su carrera en informática para unirse al negocio familiar hace más de 10 años, manteniendo la unión pese a diferencias generacionales.
Durante la pandemia cerraron temporalmente por precaución, Luis atendió al público con barbijo mientras cuidaba a sus padres; tienen nietos mellizos de 14 años que los visitan y elogian la piel suave de Lila, comparándola con la de un gato.
Comparten recuerdos emotivos como la muerte temprana del padre de Julio y las tareas hogareñas de Lila de niña; en vacaciones Julio se aburre sin trabajar y Lila cocina; Luis agradece la educación y valores transmitidos, planeando continuar la tradición con sus hijos.
En intimidad se llaman "vieja" y "negro"; la fábrica está en Conde 730, Colegiales, y Lila es experta en capeletis.