En un sermón de Iglesia de la Ciudad, se explica que reconocer un pecado no equivale a arrepentirse, citando a Saúl quien admitía faltas pero las repetía: envidiaba el éxito de David por hazaña contra Goliat, atentó contra él pese a promesas y juramentos ante Jonathan.
Saúl se enteró que Samuel ungió a David como rey futuro, posiblemente en boda con Mical; mandó matarlo pero Jonathan intercedió. Volvió a perseguirlo arrojando lanza, reconociendo errores ante David ("eres más leal") sin cambiar, endureciendo corazón como faraón o Judas que confesó traición sin dolor total.
Arrepentimiento verdadero muestra dolor por ofender a Dios y abandono definitivo del pecado: David en Salmo 51 confiesa todas rebeliones post-adulterio, con tristeza piadosa. Saúl prometía ante Samuel por amalecitas pero recaía; no basta llorar consecuencias o confesar labios sin corazón contrito.
Invitan a Congreso Internacional Familias Bendecidas del 16 al 19 julio en Resistencia, Chaco, con interpretación en lengua de señas. Oran por convicción de pecado genuina, no ser "Saúles" que deshonran a Dios con fórmulas vacías.