Juan Zamorano, primer argentino en parataekwondo olímpico, perdió el brazo derecho a los 23 años en un choque contra un guará en Liniers, lo que lo llevó a una depresión con tratamientos psiquiátricos y changas como reparto de sushi o cortar pasto. A los 24 empezó taekwondo convencional en Merlo con Eduardo Guzmán, quien lo aceptó pese a la discapacidad; ganó medallas de bronce compitiendo de igual a igual y lo usó como terapia para salir de la calle.
Clasificó a Tokio 2020 ganando el clasificatorio en Costa Rica, apoyado por su familia y becado, dejando changas para dedicarse al 100%. Lloró de emoción al clasificar, entrenó en el Cenard con Gabriel Talaburelli y convencionales que lo adaptaron sin lástima. En Tokio, sin público por pandemia, ganó bronce como si fuera un torneo más; en Paris 2024, con público francés alentando a todos, repitió bronce, acostumbrado ya a la presión.
Destaca la falta de semillero en Argentina: si él y Facu se retiran, solo quedan Miguel Galeano y Leandro Fernández; urge difusión para niños con discapacidad, superando sobreprotección familiar y miedo a golpes. El deporte le dio salida mental, autorreflexión en vez de psicólogos, y mentalidad ganadora: no se permite perder, pelea hasta el final ajustando con coach.
Considera familia pilar (Fabricio 11, Yara, More 16), esposa agenda; hijos prueban taekwondo y fútbol, él da charlas en escuelas mostrando camino limpio sin laburos infantiles. Admira a Miguel Galeano, referente mutuo; ve a Guzmán y Talaburelli como familia extra. Quiere Los Angeles 2028 a los 46, luego estabilidad fuera si cuerpo no da.
Defiende bandera argentina a muerte, busca oro mundial faltante; deporte lo sacó de calle, armó familia sana, hijos bien. Cierra: anima chicos a probar parataekwondo.