La OTAN creó tras la Segunda Guerra Mundial un ejército clandestino llamado Gladio en Italia para frenar el auge comunista, con células secretas operando durante la Guerra Fría, revelado en 1990 por el primer ministro Giulio Andreotti.
Gladio, dirigida por servicios secretos italianos y la CIA, almacenaba armas en 139 'nascos' ocultos y entrenaba agentes como Giorgio, reclutado a los 19 años, en disparos, explosivos y vigilancia para defender fronteras ante posible invasión yugoslava.
La 'estrategia de la tensión' incluyó atentados como el de Brescia en 1974 (8 muertos) atribuido a neofascistas con vínculos a Gladio y servicios secretos; sobrevivientes como Mario Milani buscan justicia 50 años después en juicios pendientes.
Documentos desclasificados muestran preferencia estadounidense por regímenes autoritarios de derecha; armas de Gladio llegaron a grupos como Ordine Nuovo, implicados en masacres como Bolonia 1980 (85 muertos).