Ernesto escribía novelas mientras Matilde escribía cuentos, y cada uno manejaba su propio jardín como metáfora de su escritura.
El jardín que manejaba Matilde con la estatua de Ceres, originalmente en el Parque del Besama, era chiquito, pulcro y ordenado como un cuento.
En contraste, el jardín novela de Ernesto, ubicado enfrente, estaba despojado de todo orden humano.
Como decía el abuelo, la duración de un matrimonio es directamente proporcional a la cantidad de metros que tenga la casa.