El reactor número 4 de Chernobyl explotó el 26 de abril de 1986 en Ucrania por errores humanos y fallas de diseño durante una prueba, liberando radiación que cruzó fronteras y generó una zona de exclusión de 30 kilómetros inhabitable.
La Unión Soviética tardó en evacuar Pripyat y transparentar la crisis, lo que aceleró su caída según Mikhail Gorbachev, dejando impactos sanitarios, ambientales y psicológicos en generaciones.
Hoy la naturaleza rebrotó en la zona pero permanece tóxica por siglos, recordando riesgos de la energía nuclear pese a sus beneficios bajos en carbono, con debates sobre probabilidad versus catástrofe irreversible.
El desastre obliga a cuestionar modelos de desarrollo tecnológico que ignoran límites ambientales y consecuencias duraderas más allá de explosiones iniciales.