La escuela rural de Queta, en la Puna jujeña a 3.500 metros de altura, cerró este año tras 128 años de historia ininterrumpida, dejando sin clases a niños dispersos en parajes remotos.
Los padres construyeron el establecimiento en propiedad privada donada por el señor Quiroga, que exige su devolución al Estado si no reabre. La escuela era el corazón de la comunidad: los alumnos internados de lunes a viernes, comían cuatro veces al día y aprendían higiene con duchas solares, algo nuevo para ellos que antes usaban fuentones.
Ex directores y alumnos como Mir claman por su reapertura, ya que caminar tres horas cruzando montañas para llegar a otra escuela es imposible. El Ministerio de Educación mira 102 escuelas en la Puna para cerrarlas, centralizándolas pese a la dispersión geográfica.
Daniel Malnati reportó el vacío en el mástil sin bandera y el abandono, mientras familias amenazan con mudarse a la ciudad si no vuelve la educación local que enseña a cuidar el campo.