Cecil Muka Kinani salió de prisión hace tres semanas tras cumplir 30 años de condena por matar a un vecino durante el genocidio contra los tutsis de 1994 en Ruanda. Forma parte del último grupo de unas 16.000 personas condenadas de las 120.000 procesadas. Pidió perdón a la familia de la víctima, que la perdonó por escrito, y encontró paz en su corazón.
Vive cerca de familiares de su víctima y ex perpetradores. Su hija la reencontró ya adulta y madre después de crecer separadas; la arrestaron cuando la niña tenía siete meses. El vecino que la acusó también fue perpetrador y está libre, pero no se hablan. Perdió tierras vendidas por autoridades para compensar víctimas y vive en precariedad a los 70 años, compartiendo colchón con su hija.
ONG como Prison Fellowship Rwanda ofrece programas de reintegración para los 2.000 ex reclusos anuales. Perpetradores como Claver, condenado por masacre, trabajan con sobrevivientes como Claudine. En cursos de cinco meses aprenden a vivir harmoniosamente, manejar situaciones y tejer canastas para recuperar confianza mutua.
Claver, tras casi 20 años preso, disfruta caminar libre y encuentra una comunidad pacífica donde todos conviven como hermanos. Ruanda apuesta por la construcción de la paz desde las bases, con reconciliación minuciosa donde cada saludo entre víctimas y perpetradores es una victoria.