Teresa Calandra relató su experiencia de estar clínicamente muerta un minuto hace 28 o 30 años, sin respiración ni signos vitales, durante un desmayo que creyó inicialmente un sueño.
Vivió un viaje maravilloso donde la recibió su primer marido, a quien quiso mucho, en un plano de paz total. Al volver, le dijo a su marido que la próxima no la trajera de regreso porque allí se estaba muy bien.
La anécdota, similar a testimonios de Víctor Sueiro, le quitó el miedo a la muerte y transmitió paz a quienes han perdido seres queridos, confirmando que se pasa a otro plano.