El padre Mamerto Menapace reflexiona que la Biblia no presenta el trabajo como castigo por el pecado, sino como orgullo confiado por Dios al hombre para cuidar la creación.
Tras el pecado, el trabajo se volvió sufrimiento con espinas y sudores, pero debe ser digno, retribuido con tierra, techo y trabajo para dignificar.
Critica vivir del sudor ajeno y enfatiza ganarse la vida con el sudor de la propia frente, en contexto del Día del Trabajo.
Concluye con bendición y alegría de trabajar bien.