Jorge Róger Castro triplicó sus comedores populares de 2.100 a 6.400 personas desde la pandemia, cuando cerró su gimnasio 18 meses y empezó ollas populares que ahora son 14 en total, cuatro propios y diez abastecidos.
Recibe ayuda de la Provincia de Buenos Aires vía el ministro Andrés Larroque y la fábrica de Quilmes, pero pone la cara personalmente para conseguir donaciones. Critica a los políticos que hablan de sacar millones de la pobreza mientras sus comedores se llenan de chicos y adultos mayores con tuppers esperando un cucharón de comida.
De su tierra Santa Cruz, denuncia que la gente la pasa muy mal con el gobierno actual pese a que el anterior supuestamente robaba pero estaba mejor, alertando sobre la miseria a los costados del centro. Motivado por su propia infancia de hambre, quiere que los pibes salgan adelante como él con el boxeo.