La falsa médica Lidia Mabel Ojeda, una profesora de plástica que usaba una matrícula ajena, ejerció ilegalmente durante dos años en el hospital público de Quitilipi, Chaco, causando al menos 10 muertes por diagnósticos erróneos y tratamientos inadecuados como paracetamol para infartos o heridas graves.
En un caso emblemático, el albañil Lorenzo Blanco, sano y fuerte, llegó con dolor en el pecho y hormigueo en el brazo; la impostora lo mandó a casa con paracetamol, diagnosticando cefalea, y al volver horas después falleció en la guardia sin atención adecuada. Otros pacientes sufrieron igual: uno perdió la pierna por una herida infectada ignorada, recibiendo solo desinflamatorios pese a hinchazón creciente.
El escándalo estalló cuando enfermeras y familiares notaron su incompetencia en Presidencia de la Plaza durante una trifulca deportiva, donde no supo curar heridas simples. Detenida en Tres de Febrero, Buenos Aires, enfrenta cargos por homicidio doloso eventual, ejercicio ilegal de la medicina y más; el funcionario Dinúbila la denunció y el fiscal Marcelo Soto investiga.
Panelistas denuncian connivencia política y corrupción en el Estado chaqueño, comparándola con la "Rímolo del Chaco" o casos como Bonadeo; critican falta de controles en hospitales públicos, donde falsos profesionales se esconden, y exigen perpetua por los "asesinatos". Familias de víctimas buscan justicia penal y civil contra la impostora y el Estado por violar la confianza legítima.