En la escuela de Queta, en la Puna jujeña a 3.500 metros de altura, construida por padres hace 128 años sobre terreno donado, cerraron este año dejando a familias dispersas sin opciones cercanas, obligando a niños a caminar tres horas para llegar a otra escuela.
Antigua directora y alumnos recuerdan cuando había 19 o 20 chicos que llegaban lunes y volvían viernes, con comedor de cuatro comidas, higiene enseñada desde cero y energía solar incorporada, pero ahora el cartel anuncia cierre y el mástil está sin bandera.
El señor Quiroga, donante del terreno, exige devolución si se cierra definitivamente, mientras familias como la de Mir, con ocho hijos, temen irse a la ciudad y piden reabrir para mantener la comunidad rural que enseña a cuidar el campo.
El conductor critica duramente la decisión: un país que cierra escuelas es un país sin futuro, y el gobernador de Jujuy demuestra desinterés por la gente de Queta al priorizar ahorro sobre comunidades.