El joven letón Alister, de 17 años, vive con su madre en un apartamento céntrico de Riga, capital de Letonia, donde los días de invierno son los más cortos de Europa y obliga a los jóvenes a levantarse antes del amanecer para estudiar.
En su habitación, Alister tiene un taller con una máquina de coser Singer de 1951 comprada en un anticuario; diseña prendas inspiradas en la historia de Letonia, como chalecos del siglo XIX, y las muestra en Internet, donde genera interés para venderlas y sueña con vivir de eso.
Estudia en una escuela técnica de arte para ser escenógrafo o diseñador ambiental, practica baile folclórico popular en Letonia y admira la Biblioteca Nacional modernista; ama su ciudad abierta y planea quedarse pese a la emigración juvenil.
Ocho de cada 10 letnes tienen casa propia, pero Alister quiere independizarse a los 18 años, antes del promedio de 26.