Decenas de libaneses huyen de zonas de peligro pese a la tregua entre Israel y Líbano, refugiándose en campamentos palestinos al sur de Beirut como el de Marelías, donde palestinos solidarios abren sus puertas a los desplazados.
Ibrahim y su familia perdieron su casa en Temnín por un ataque aéreo israelí que derrumbó todo a la una de la madrugada, dejando solo rasguños al sobreviviente. Abu Hussein y su familia, hacinados en una habitación, se consideran afortunados por tener baño y sentirse como en casa.
El campamento recibió 140 familias con centros de acogida organizados por franjas horarias para baños y aseo. Voluntarias como Sara preparan comida en almacenes de Beirut para enviar al sur, cubriendo la ausencia estatal en medio de una guerra más violenta que las anteriores.
Escuelas como la de Azná albergan desplazados con falta de espacio, apoyo médico y saneamiento, elevando riesgos de enfermedades en un Líbano hundido en crisis humanitaria.