Mirta, pensionada de 70 años hipertensa y con problemas cardíacos, duerme en un ranchito en la vereda de su propiedad en calle 252 N°1051, Barrio San Carlos, porque su hijo Ariel Federico Portillo Martín le demolió la casa original para echarla y quedarse con el terreno grande donde construyó la suya propia al fondo.
Relata que dio permiso al hijo para construir, pero al volver de Espeleta la echaron alegando que ya no le pertenecía; no hay escritura ni boleto de compra-venta claro del padre (fallecido), impuestos a nombre antiguo; hijo la denunció por agresión tras cachetazo cuando protestó, obtuvo restricción perimetral, pero vecinos apoyan a Mirta con comida, agua y baño.
Vecinos indignados llaman a Ariel cagón y sinvergüenza por no salir a hablar pese a estar adentro con mujer e hijos (nietos de Mirta de 10 y 5 años), lo tildan de pollerudo; Mirta niega maltrato a nietos, dice otros hijos (dos hijas y mayor) ayudaron en mudanza pero no la acogen; cobra casi 500 mil pesos de pensión que no alcanza para alquilar ni abogado (pidieron 3 millones).
Panel y vecinos exigen que Ariel dé la cara, urgen abogados pro bono vía teléfono 11-61-76-56-92; Mirta amenaza cachetazo inolvidable si sale, repite que no echa a nadie sino pide su espacio en terreno familiar; cobertura en vivo muestra apoyo masivo nocturno pese a frío inminente.